Méndez GuédezCritica

Biografía Libros Crítica Entrevista Para comprar sus libros Textos
 

Juan Carlos Méndez Guédez

 

Haga click aquí para ver críticas recientes

“Por eso, pese a su sencillez, a su apasionante carga anecdótica, y a la agilidad con que pueden devorarse sus páginas, no es esta una novela inocente. Su construcción tiene la complejidad de la transparencia...
UNA TARDE CON CAMPANAS es por encima de todo una historia familiar. Una historia de pequeñas miserias y de pequeños heroísmos cotidianos. Una historia llena de compasión, de solidaridad, de encuentros. Y es una historia del descubrimiento que hacemos en la infancia de ese espacio llamado deseo: la necesidad de algo que no está al alcance de nuestras manos”.
Alfredo Bryce Echenique, en la presentación de UNA TARDE CON CAMPANAS, Barcelona, España. 23 de febrero de 2004

“...una historia común y extraordinaria, la cotidiana percepción de la vida por un niño que emigra a la capital de España con su familia....(y) esa visión del niño imprime un tono muy poético a cada aspecto de la vida que evoca como consecuencia del sello de pureza original que en todos sus actos percibimos”.
Arturo García Ramos, ABC, Madrid, 3 de abril de 2004.


“Me bastó leer el primer capítulo para saber que estaba ante un autor de gran talento y como escritor sentí una gran envidia...(UNA TARDE CON CAMPANAS) ha tocado por primera vez (en España) con voz llena de ternura un tema que estaba pidiendo a gritos que alguien lo tocara, el de la inmigración ilegal”.
Eduardo Jordá, EL PAÍS, Madrid,19 de febrero de 2004.

“ Méndez Guédez no ha tocado la campana por casualidad, sino que ya tiene publicadas dos novelas y varios libros de relatos. Es como Horacio Vázquez Rial, uno de esos autores que tiene muchas cosas que contar y muy buenos modos y maneras de contarlas, y que vienen a comerse con patatas a los escritores patrios que llevan años dormidos en los laureles...
El personaje (de UNA TARDE CON CAMPANAS es) un tanto ingenuo, a veces irónico, sin llegar al sarcasmo y con un finísimo sentido del humor, desplegado en una estructura novelística brillante...”
Hipólito G. Navarro, DIARIO DE CÁDIZ, Cádiz, 17 de febrero de 2004.


“Dentro y fuera de un edificio, un elíptico apuntador de la realidad y kafkiano viajero de la ciudad contemporánea logra elevar el fisgoneo a la categoría de literatura de la buena, de la entretenida, de la dura, y madura, y de la plena del más fino humor. Venezuela se conmociona con el "caracazo" de 1989 y el amor sigue ocasionando los más dolorosos colapsos espíritus distraídos, pero nada de ello impide que por ahí ande presente ese experto en fisgoneo que todo parece anotarlo con esos toques de pluma magistrales y certeras pinceladas que van convirtiendo Historias del Edificio en una excelente colección de relatos de todo tipo de registro acerca de la "locura ordinaria" ”.
Alfredo Bryce Echenique, ABC, Madrid, España, 23 de marzo de 1996

" El libro de Esther tiene una gran dosis de humor, desparpajo, sin ningún compromiso previo, es una aventura permanente de búsqueda y desenfado... este joven escritor venezolano tiene un gran futuro".
Sergio Ramírez, EL IMPULSO, Barquisimeto, 7 de julio 2001

“Con un deseo confesional, como de redimir culpas, de explicarse el pasado y encontrar y reencontrar ese antiguo amor que abandonó un atardecer durante la fiesta de fin de curso de aquel último año de colegio cuando se cruzaron las piernas largas, bellas y tumultuosas de Marilyn. Así toda la novela de Juan Carlos Méndez Guédez se plantea como la búsqueda de Esther, cuando se he perdido ya la inocencia de los primeros años adolescentes, cuando la voluptuosidad del cuerpo de Marilyn ha dejado de interesar a Eleazar, el joven periodista cuya voz protagonista recorre los recuerdos de aquellos años en que la ciudad era otra, el amor era otro y los amigos, aquellos amigos de entonces , eran otros que los que hoy recuerda ya muertos o distantes…
Este joven narrador venezolano ha tenido el acierto de hurgar en el tiempo de la destrucción y hallar éste en los años esenciales de la juventud, donde todo se ofrece como derrota. Méndez Guédez ha hecho uso de la primera persona narrativa, para desde ella rastrear en el interior del alma del protagonista, un ser ansioso, neurótico, torturado por la pérdida. Y la voz del narrador irrumpe como una mezcla de ironía, una voz que hace ocurrir los acontecimientos como una dolorosa sucesión de desastres personales que el protagonista vive entre el dolor y asunción de la realidad…Un acierto en su conjunto este rastreo por la sentimentalidad”.
Luis de la Peña, Babelia, El País, Madrid, España, 3 de julio de 1999.

Otro venezolano que se está abriendo camino en España es el joven Juan Carlos Méndez Guédez. La madrileña Lengua de Trapo le publicó su tercera novela…Méndez relata la aventura de dos amigos venezolanos que se encuentran en España, lo pasan mal económicamente, no tienen donde caerse muertos y para colmo son perseguidos de manera misteriosa. Es una delicia leer Árbol de luna. Sus personajes retratan la mentalidad de los venezolanos, la farsa y el clientelismo político, pero sobre todo el sentido de amistad y lealtad que les une a pesar de sus diferencias ideológicas. Lleno de humor y frescura, la novela de Méndez se inserta en ese "proceso" que ha vivido el país hace nueve años cuando los militares golpistas intentaron derrocar a un presidente constitucional.
Ludmila Vinogradoff, Babelia, El País, España, 10 de febrero de 2001

“El eterno y fugaz retorno y Tan nítido en el recuerdo son dos historias pensadas como dos luminosas dificultades: cuentan lo que cuentan y además lo hacen desde la fuerza reveladora que prestan las palabras, amén de ese feliz caos de tiempo y espacio en el que algunos relatos sobre el amor necesitan crecer para acercarnos al centro de su belleza”.
J. Ernesto Ayala-Dip, Babelia, El País, España, 18 de agosto de 2001.


"Pero aunque sea una manera de ejercer la arbitrariedad, prefiero que entiendas mi manera de explicarlo": así interpreta un personaje de Tan nítido en el recuerdo la realidad escindida entre un mundo que asedia a sus componentes y la propia interpretación que cada uno de éstos hace del mismo. Y así es como Juan Carlos Méndez (Venezuela, 1967) decide mostrar su realidad al lector en este conjunto de relatos que abordan la vida en su experimentación más cotidiana. Todos los personajes parten de una duda propiciada por una falta de totalidad, y la búsqueda les llevará al intento de hallar su principio en la infancia. La paradójica lucha estriba en encajar en una realidad propia que ellos mismos han creado, ya sea a través del amor como motor esencial en la vida "Con rápidos gestos le quité la ropa y al entrar en ella supe que la vida ocurría siempre para la eternidad de esos segundos", ya sea a través del recuerdo que se relaciona con el tiempo presente a partir de coincidencias y nexos aparentemente invisibles. Se tratará de profundizar en el presente como hijo esencial del pasado.
A "Tan nítido en el recuerdo", cuento que da nombre al libro, el lector se debe aproximar con cautela: repetidamente se rompe el tiempo lineal, llegándose a narrar simultáneamente varios momentos en la vida del protagonista. Esta estrategia, que logra su cúspide en este relato, se repetirá en la mayoría. Así sucede en "El eterno y fugaz retorno", donde un hijo adulto ve la victoria de un equipo de béisbol como una derrota de su padre, con el que veía los partidos cuando era niño. En "Adiós, Penélope Cruz, nos vemos en El Hierro", muestra otro de los personajes que asumen su propia realidad irrepetible en otro individuo salpicada por una infancia, en este caso ambigua, que interroga sobre el origen del propio lector. Encontramos en "1971" unos mordiscos adultos y sexuales que recuerdan otros mordiscos infantiles en la iniciación erótica del despertar sexual.
Juan Carlos Méndez se mueve con acierto en aquellas parcelas donde la vida no se ha definido todavía o lo ha hecho de una manera difícilmente perceptible. Estos relatos contienen muchos logros y convierten a Tan nítido en el recuerdo en un libro notable que transforma la lectura en un desafío contra uno mismo.
Juan Francisco Jiménez LATERAL, Barcelona, España

“Siempre está uno lleno de historias o tiene una de ellas que merecería escribirse. Y las que nos cuenta Juan Carlos Méndez sí que verdaderamente merecen la pena de conocerse. Nos relata esas cosas que suceden y que marcan, tal vez para siempre, las rutas de hombres y mujeres sin importancia, mínimos, que jamás pasarán más allá de los vecinos o de un tiempo siempre corto….(Historias del edificio) Nos da unas páginas que se leen sintiéndolas por sí mismas, por su superior construcción. Tiene esa verdadera e indudable categoría que obliga al lector a enfrascarse en ellas. Suscitan el deseo de, al terminar una historia, introducirse en la siguiente”.
Isaac de Vega, “Diario de Avisos”, España, 3 de agosto de 1997.

“Pero no han sido sólo las ciudades del subcontinente americano las que han acaparado la atención de los actuales narradores, estos también han construido sus tramas en ciudades del Viejo Continente o de los Estados Unidos. Ahí están las novelas El libro de Esther y Árbol de luna del venezolano Juan Carlos Méndez Guédez, en las que, al tiempo que se alude a una Caracas añorada y odiada, se deambula por varias "urbes" de la "madre patria"; “
Mario Barrero Fajardo, “Agencia central de noticias, Colombia.

“Retrato de Abel con isla volcánica al fondo (1997) es una novela breve de encandilante perfección. Un recio tema, que oscila en la narrativa del continente: la presencia-ausencia del padre, y que alcanza en Rulfo su espectral fuerza shakespereana, agudiza esta ficción convirtiéndola en un modelo de abismo psíquico.
(...)
En 1999 aparece El Libro de Esther...Estamos ante la persecución quijotesca de una mujer, de un amor. El protagonista rompe todas las líneas de la lógica para realizar su periplo. Un recorrido delirante lo lleva al carnaval de Tenerife. Como acotábamos antes, Méndez Guédez recorre y transfigura esa línea (el viaje, la mascarada) que también pasa por Pitol y Bryce Echenique.
(...)
Árbol de luna vuelve a acercar aquellos rasgos que parecen constantes en Méndez Guédez: la sátira, la caricatura, las raras conexiones entre la fraternidad y la depresión. Una mujer políticamente poderosa es obligada a exilarse. Pasa de la abundancia y la corrupción, a la escasez y la picaresca. Venezuela y España se combinan para un despliegue de aventuras. Un joven estudiante se convierte en su único amigo, cómplice y protector. En el fondo, la política y la vida de emigrantes resuenan con sorna, pero el tramado de la acción se sostiene sobre un particular sentimiento de solidaridad, más rico y ambiguo que la pasión amorosa”.
José Balza, Universidad de México, México, junio-julio 2001.


“Lo que me complace particularmente de la última novela de Juan Carlos Méndez Guédez, es que ha venido a recordarme que el género existe. No que la novela haya existido, porque esa seguridad la tenemos desde que apareció Don Quijote de La Mancha en 1605, sino que existe ahora, está aquí, podemos sentirla, escucharla, conmovernos y reírnos con ella, porque la sonrisa es el toque embrujado de Méndez Guédez, y una carta de último minuto que jamás le falla.
Tenemos, pues, novela: lo que en nuestro país significa un hallazgo de primera importancia. (Por cierto: en este mismo año recibí otra llamada de atención que no esperabas: Historias de la Marcha a Pie de Victoria de Stéfano; una vuelta nunca imaginaria a la gran escritura novelística, que obtuvo su mayor esplendor en la primera mitad del siglo XX). También, en el resto del mundo esta carencia ficcional resuena con igual dramatismo en los años presentes. No hay que estar muy alertas para darnos cuenta cómo en los grandes centros de la cultura de Occidente y de manera sensible y preocupante en el ámbito de nuestra lengua, la novela ha ido apagando sus fuegos poco a poco. Ha quedado un paisaje desértico y algunas columnas de humo dispersas que progresivamente desaparecen.
(...)
Por esta y otras razones, la aparición de Árbol de Luna de Juan Carlos Méndez Guédez, nos devuelve un entusiasmo que ya creíamos asunto del pasado.
(...)
De inmediato, dejamos atrás la ilustración de la portada, porque estas ironías demasiado evidentes dictadas por el postmodernismo nos producen escalofríos y llegamos a la primera línea del texto: "Para ella los hombres vestidos de verde son los más lindos del mundo" ¿No me suena esto a "novela"? Más abajo, continúa diciendo "Así que en ese momento no puede dejar de sonreír mientras le colocan las esposas y la conducen con sigilo hasta la patrulla de la guardia, cómo no señor teniente, faltaba más, sería un honor para ella poder acompañarlos...". Hay golpes de instinto, certeros, que nos revelan lo que de otra manera no podríamos saber. Sin duda empezaba a sentirme en casa. La ficción misma había venido a abrirme la puerta”.
Salvador Garmendia, El Nacional, Caracas.

“A Méndez Guédez le gusta contar; huye de aquellos textualismos que hinchan las anécdotas para vaciarlas de contenido. Venezuela y España, los dos ámbitos donde ha vivido el autor, se erigen en sus principales temas. Quien lea a este narrador, verá la historia más contemporánea de estos países, estampada en un formato esperpéntico.
Árbol de Luna radicaliza las estrategias naturales de la novela. Su carácter esponjoso le permite recurrir a numerosos tonos y discursos para penetrar en nuestra contemporaneidad, sobre todo la de Venezuela. Los protagonistas se expresan desde diversas instancias: desde la imprescindible tercera persona, desde el diario y desde lo epistolar. El tono irónico se entrevera con el trágico, para ofrecernos un fresco histórico que le guiña permanentemente el ojo a la historiografía oficial.
Los dos personajes, Estela (o Marycruz) y Tulio son los protagonistas de una neopicaresca que tiene como escenario físico España y como telón nostálgico la Venezuela pre y postgolpista de los noventa. Como dijimos, no hay deseo de aleccionar por parte del novelista. Al terminar su lectura, uno siente que esta novela nos deja el amargo y el dulce en la boca. La historia contemporánea se cuenta a través de la ironía. Lo solemne siempre asoma su lado ridículo.
(...)
La obra de Méndez Guédez revela una nueva relación del novelista contemporáneo con la realidad histórica. Contar ya no es inventar, sino asomarse a la ventana de la historia para reconstruir su trama. Antes, tanto el literato como el historiador debían esperar a que el tiempo pasara, para tomar la distancia necesaria que le permitiera ser objetivo. Ahora vivimos en la era del escepticismo, para beneplácito de la humanidad. Y lo que importa es el sujeto, a pesar de los posmodernismos; el sujeto mirando y expresándose desde los abismos hacia donde nos conduce la realidad contemporánea.
No estamos frente a la parodia, puesto que ella no es más que el aleccionamiento contrabandeado en lo cómico. Arbol de luna quiere dejar constancia de una mirada histórica y no de una lección. En ella las lágrimas no se sabe de dónde surgen: si del llanto o de la risa. Esta historia clownica desecha el panfleto de otros escritores venezolanos, como José Rafael Pocaterra, Pío Gil y de Argenis Rodríguez, para ubicarnos en un espacio textual cuya pragmática abandona todo aleccionamiento. En definitiva, este novelista es un radical militante del escepticismo. Por ello su escritura sobrepasa el hierbazal light que asombra por su vacuidad. Méndez Guédez se hunde en los abismos espesos donde la risa es angustia y no neutralidad”.
Celso Medina, EL UNIVERSAL, Venezuela, 2000.

“Hacer arte literario de las fechoría sociales con “gracia tan sutil” requiere de una gran maestría por parte del inventor de ficciones. Con esto ya estamos diciendo que la novela de Méndez Guédez se inscribe dentro de la mejor tradición de la novela picaresca”,
Silda Cordoliani, Imagen, Venezuela.

“Juan C. Méndez Guédez es primero un agudo recopilador de sentimientos y, después, un excelente escritor”.
EL UNIVERSAL, Caracas, 12 de octubre de 2001.

 

 
© 2005 Juan Carlos Méndez Guédez    Biografía | Libros | Crítica | Entrevista | Comprar | Textos